SANTA FAUSTINA KOWALSKA,
campesina polaca contemporánea, luego monja.
“No haré nada, Jesús, nada por mí misma, sin antes consultarte a
Ti, mi Maestro. Te dejo completa libertad para que dirijas mi alma. Guíame a través
de los caminos que Tú desees. Te seguiré confiadamente. Tu corazón
misericordioso puede hacer todas las cosas”.
A través de la historia del hombre y de la mujer en
Dios, en su infinita
misericordia, ha dado visionarios para ayudar que las gentes sobrevivamos a
esos acontecimientos.
Han existido
infinitos: Francisco de Asís, Catalina
de Siena, Juana de Arco, Margarita María de Alacoque, Bernadette, Teresa de Jesús, Teresita del Niño Jesús, los niños de Fátima,
Ignacio de Loyola, Francisco Javier, ...
Cuando Hitler asciende al poder, el mismo Jesús se manifiesta y
aparece repetidas veces a una sencilla campesina polaca. Su país fue el primero invadido por el
dictador en sus ansias de poder, de dominio y manipulación sobre todas las
demás naciones del mundo.
Faustina nace en el año 1905 en
un pueblecito de Polonia. Tercera de
diez hermanos ingresa muy joven en
Desde ese momento
experimenta prácticamente a diario grandes experiencias místicas que sirven de
cauce para anunciar en aquellos momentos de preguerra y luego ya de Guerra
Mundial, el manifiesto de
Su estancia en el
convento no fue nada fácil.
Incomprensiones, envidias, recelos de algunas de sus compañeras de
vocación hicieron de su vida un gran sufrimiento. Sólo el consuelo del Corazón de Jesús sirvió
de sustento a su alma, enamorada y prendada de Aquel que dio su vida por todos.
Después de 13 años dedicada al Señor, fallece extenuada en
Uno de los mensajes más
impactantes recibidos de Jesús es: “La desconfianza de las
almas me hiere profundamente, y lo que me duele más es la poca confianza de las
almas escogidas, el mal trato que esas personas se dan unas a otras, las
críticas y comentarios destructivos que
entre ellas existen. Ni mi muerte por
ellas basta para convencerlas de coger el camino de la paz y de la
reconciliación”.
Merece destacar, aunque
sea tan solo una breve parte, el intercambio de
frases de amor entre Jesús y Faustina a lo
largo de esos 13 años. Ojalá que las palabras del Señor recogidas por ella toquen
todos y cada uno de nuestros corazones y nos llenen de paz, confianza,
serenidad, humildad, tolerancia y auténtica capacidad de ser justos con
nosotros mismos y con el resto de las personas que con nosotros se relacionan.
Ella gustaba decirle a
su amado Jesús: “Te
ruego Señor que dirijas por completo mi alma. Quédate conmigo. Estoy
completamente sola, despreciada, recibiendo constantes ofensas que me hacen
sentirme nada”.
“No deseo ser
premiada nunca por mis esfuerzos y mis buenas acciones. Tú mismo Jesús eres mi único premio. A través
del sufrimiento el alma se hace como la del Salvador. En el sufrimiento el amor
se cristaliza. Mientras más grande el sufrimiento más grande el amor”.
“No permitiré ser
absorbida por el torbellino de trabajo hasta el punto de olvidarme de Dios.
Permaneceré todo el tiempo a los pies del Maestro y el tiempo libre iré a verle
al Sagrario”.
“He sufrido mucho con
los comentarios de las monjas de mi convento. Una de ellas me ha dicho muy
airada: «Tú,
extraña, visionaria histérica, vete de aquí que no te vea nunca más»”.
“Jesús, Jesús, ¿cómo puedo mantenerme en pie cuando soy tan incomprendida? ¿Es ésto una recompensa a mi lealtad y sinceridad? Jesús, Jesús, ¡ya no puedo más!”.
El Señor la reconfortaba
en su dolor.
“No tengas
miedo. Yo estoy contigo”. “Debes mostrar misericordia al prójimo
siempre y en todas partes. No puedes
dejar de hacerlo, ni excusarte, ni justificarte”. “No temas, no te dejaré sola”.
“Te consideras débil,
floja, miedosa, pero desde hoy harás con más facilidad todo, pues Yo te
fortaleceré”.
“Tú no estás viviendo
para ti, sino para las almas, y otras almas sacarán provecho de tus
sufrimientos”.
“Tu sufrimiento prolongado les dará a ellas la luz y fortaleza para aceptar Mi Voluntad”.
“Mi Amor no engaña a
nadie”.
“Dibuja una imagen mía
según la visión que ves con la inscripción: Jesús, yo confío en Ti. Yo deseo que esta imagen sea venerada,
primero en tu capilla, luego en el mundo entero. Yo prometo que el alma que honrare esta
imagen no perecerá. Tendrá victoria
sobre sus enemigos aquí en
“En tus sufrimientos
físicos y mentales no busques la compasión de las criaturas”.
“Deseo la fragancia de
tu sufrimiento para que seas pura, alejada de las pasiones. Despréndete de las ataduras, de las
apetencias de los sentidos. El diablo y
tu mente te dirán que todo es lícito. El
pecado te hará débil y vulnerable a cualquier ataque y dificultad”.
Y así un interminable rosario de intercambios entre el Corazón amado y Faustina. Sus éxtasis prolongados en la presencia del Señor dieron lugar a un manuscrito de incalculable valor para la oración personal, la meditación y la transformación de la vida.
Eso es lo que anhelaba Faustina. Pese a rechazos, malentendidos, desprecios, incomprensiones, desolaciones, soledades, nunca perdió el horizonte de lo que todo eso representaba para ser cooperadora a la obra salvadora y redentora de Dios.
“Ayúdame, oh Dios!, era su oración
predilecta, para que mis manos sean misericordio-sas y llenas de
buenas obras, para que sólo haga lo mejor a mi prójimo y asuma sobre mí las más
difíciles y fatigosas tareas. Ayúdame para que mis pies sean misericordiosos,
para que acudan a ayudar a mi prójimo, venciendo mi propia fatiga y cansancio. Mi verdadero descanso está en el servicio a
mis hermanos”.
A ésto
solo cabe decir «Amén». Un Amén franco,
rotundo y profundo que salga de todos y cada uno de los corazones de todos los
que ansiamos una vida mejor para este mundo y un descanso feliz y eterno cuando
lo dejemos y podamos estar en la presencia de nuestro Dios.
Que El en Su
Misericordia y Amor infinitos nos bendiga a todos para ser mejores, más
comprensivos, más tolerantes, más pacientes en el vivir del día a día.
José Ramón González